A quién debes pedir ayuda
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, al revés, es una cuestión de inteligencia. Cuando pides ayuda te das valor en primer lugar, porque te concedes el derecho de que otra persona pueda escucharte y te tienda una mano libremente. Por el contrario, cuando te encierras en el abismo de la soledad más absoluta corres el peligro de sufrir más de lo debido al dar una y mil vueltas a la cabeza.

¿A quién debes pedir ayuda? Pues en primer lugar debes pensar en qué personas de tu entorno te inspiran la suficente confianza como para abrir tu corazón. Es decir, tienes que tener un criterio claro a la hora de acudir a alguien que sabes que tratará como un tema confidencial todo aquello que le cuentes. Esta virtud no la tiene todo el mundo, por ello, tómate un tiempo antes de dar cualquier paso. Pero seguro que ya tienes experiencia previa de haber confiado en alguien que no te ha traicionado.

En otras ocasiones, puedes necesitar de la ayuda de un profesional experto en la materia, es decir, puede que necesites de la ayuda de un psicólogo. También existen otras entidades destinadas a la ayuda social que seguro que pueden servirte como punto de referencia. Este es el caso, por ejemplo, del Teléfono de la Esperanza o del Banco del tiempo. Organizaciones que están basadas en el voluntariado y que, sin embargo, tienen una enorme profesionalidad.

En muchas ocasiones, no necesitas que te ayuden un montón de personas. Seguramente, con tener simplemente a alguien que pueda escucharte y dar valor a aquello que te preocupa ya será suficiente. Lo cierto es que en una sociedad individualista al extremo y marcada por la falta de tiempo, es difícil abrir el corazón de par en par. Pero merece la pena intentarlo.