Abrazar un oso de peluche nos ayuda a sentirnos mejor cuando estamos tristes
Cuando nos sentimos solos, tristes o alicaídos, un gesto que suele aliviar estos sentimientos es algo tan simple como abrazar un muñeco de peluche o una almohada, de ahí que muchos conserven, aunque sea en secreto, un muñeco al que abrazarse en esos momentos y sentirse así más reconfortados.

Esto no se debe a un alto grado de infantilidad o a que nos seamos suficientemente maduros. Tampoco es un gesto que sólo hacen los niños o las mujeres, ya que todos nosotros, independientemente de nuestro sexo o edad, experimentamos el mismo alivio al realizarlo. Según un estudio publicado por la revista Journal of Consumer Research, esto se debe a un instinto animal que compartimos con el resto de los mamíferos.

Esto es lo que se desprende según el estudio realizado por Chris Janiszewski, de la Universidad de Florida y Dan King, de la NUS Business School de Singapore. Según estos investigadores, cuando un mamífero está herido, ha sido agredido o está enfermo, su cerebro está programado para responder de forma positiva a los estímulos táctiles, buscando así hacerle sentirse menos vulnerable emocional y físicamente en el estado en se encuentra.

Los seres humanos, como mamíferos, también respondemos a esta programación, y por ello, cuando tenemos emociones o sentimientos negativos, al sentirnos abrazados o acariciados, nuestro cerebro libera neurotransmisores asociados al bienestar y al placer que nos hacen sentirnos mejor y eliminan o mitigan las emociones negativas.

Por el contrario, cuando estamos de buen humor, compartimos con los demás mamíferos el sentirnos más atraídos por los estímulos visuales que táctiles. Por ello en momentos de felicidad, disfrutamos mucho más contemplando una obra de arte, una puesta de sol o mirando el cielo en una noche estrellada.