Aceptar una enfermedad crónica
Cuando el médico nos informa de que padecemos una enfermedad crónica, sobre todo si nuestra calidad o estilo de vida se va a ver afectada, no siempre es fácil aceptar este hecho. Más aún, lo habitual es que nos enfademos preguntándonos por qué nos ha tenido que tocar a nosotros, buscando a quien culpar por ello, ya sea a nosotros mismos o a quienes nos rodean.

Una vez pasado este periodo, comenzaremos a aceptar que realmente padecemos dicha enfermedad. Normalmente esta aceptación parece tener una significación negativa, en el sentido de que nos resignamos a nuestro destino, pero no es así. Una vez que aceptamos nuestra dolencia, si esa aceptación es positiva, ello puede ayudarnos a adaptarnos a las nuevas condiciones en las que se desarrollará nuestra vida en ese momento para evitar, en la medida de lo posible, que dicha enfermedad nos impida ser felices y disfrutar de nuestra vida.

Dentro de esta aceptación positiva, uno de los puntos más importantes es llevar a cabo todo aquello que los especialistas nos indiquen como necesario para nuestra mejoría o curación. Debemos encontrar la motivación en los beneficios que nos van a procurar dichas actividades de cara a nuestro futuro.

No podemos controlar el estar enfermos o no, pero sí cómo nos enfrentamos a la enfermedad. Por ello, es muy importante detener o evitar, en la medida de lo posible, los pensamientos negativos que nos suelen acompañar al saber que sufrimos una enfermedad crónica, y sustituirlos por otros positivos. Hacerlo nos ayudará a sobrellevar la enfermedad y sus consecuencias de forma mucho más positiva.

Finalmente, es importante saber y expresar cómo nos sentimos, para no esconder sentimientos o no mentirnos a nosotros mismos. De ese modo, afrontaremos nuestras emociones negativas y evitaremos que se transformen en desánimo, ira o depresión.