Adictos a la adrenalina
Actualmente están muy de moda los denominados deportes de riesgo. Ya sea lanzarse en paracaídas desde lo alto de una montaña o una avioneta, nadar entre tiburones o hacer rafting en ríos altamente peligrosos, muchas personas disfrutan en gran medida de este tipo de actividades, las cuales, a la mayoría, nos resultan altamente estresantes e incluso amedrentadoras. ¿Qué hace que estas personas busquen el riesgo una y otra vez?

Esto se debe a que, cuando estamos atravesando por una situación muy estresante, nuestro cerebro hace que las glándulas suprarrenales descarguen adrenalina, una hormona que se encarga de aumentar la presión arterial, liberar el azúcar contenido en el hígado y aumentar nuestro ritmo cardiaco, es decir, prepara todo nuestro organismo para hacer frente a una amenaza.

Además, los pulmones se expanden para que entre más aire y aumenta el flujo de sangre a los músculos para que estén preparados para entrar en acción. Las pupilas se dilatan para permitirnos ver con mayor agudeza y parece que el resto de nuestros sentidos también se afina. Estamos dispuestos para entrar en acción, mientras torrentes de adrenalina recorren nuestro cuerpo.

Al mismo tiempo, se siente un estado de euforia y plenitud debido a la tensión generada en el cuerpo ya al resto de hormonas que se liberan en el torrente sanguíneo. Es esta sensación la que para muchas personas resulta adictiva porque, una vez que se experimenta, es muy difícil que se pueda dar en situaciones de la vida diaria.

Y, como ocurre en todas las drogas, la dosis que necesitan cada vez es mayor. Hablando con cualquiera de estos sujetos, nos dirá que estas actividades le ayudan a liberar el estrés. La realidad es que necesitan una nueva descarga de adrenalina en su cuerpo y que vivir la vida sin ese riesgo se ha convertido para ellos en algo aburrido e insulso.