Anatomía de la rabia
El universo emocional de un ser humano es muy variado, de hecho, en muchas ocasiones, ni siquiera utilizamos todo el vocabulario existente para definirlo. Una emoción frecuente a lo largo de la vida es la rabia o la ira. La ira ha sido estudiada incluso por los filósofos. Es decir, Tomás de Aquino ya analizó esta emoción y la definió como la suma de la tristeza más el deseo de venganza.

Es decir, una persona que siente ira se ha sentido víctima injusta de un mal externo. Por esta razón, a nivel interior, existe la sensación de querer devolver el mismo daño al otro para poder recuperar esa sensación de justicia. La sensación de rabia queda marcada de una forma manifiesta por esa fuerza interior que tiene esta emoción y que es mayor o menor dependiendo, también, de la causa que la generó.

Sin embargo, Tomás de Aquino explica muy bien que aunque la ira es un sentimiento totalmente natural, por el contrario, no está justificada una mala acción a partir de un momento de rabia. Sencillamente, porque el ser humano es racional y tiene capacidad para pensar las cosas y también, como muestra la inteligencia emocional, para aprender a controlar sus emociones. De este modo, para calmarte después de un momento de ira, sencillamente, debes dar tiempo al tiempo. Con el paso de los días te sentirás más tranquilo y así también, recuperarás la objetividad de la realidad.

La ira es un sentimiento saludable, es decir, es bueno vivirla con normalidad, ya que además, es lógico que cuando te hacen daño te sientas así. Por ello, conviene aprender a vivir las emociones con la misma normalidad tanto si son agradables como si son desagradables. Durante mucho tiempo se ha clasificado a las emociones en función de buenas o malas, sin embargo, en la actualidad se toman esta nueva clasificación.