Aprende a decir “no”
Cuando somos niños, decir “no” resulta de lo más natural. No es raro ver a unos padres intentando convencer de algo a su hijo pequeño mientras éste niega con fuerza con la cabeza y de su boca sólo dice una palabra, “no”. Sin embargo, esta conducta normalmente es afeada, porque nos educan para ser atentos y educados con los demás. Si gozamos de una autoestima sana, esto no resulta un problema, ya que podremos declinar asertivamente responder a las peticiones de alguien conscientes de que eso le puede molestar. Sin embargo, si nuestra autoestima es baja, esta idea se convierte en un problema, y el miedo a defraudar a los demás y a desagradarles puede llevarnos a que no salga de nuestros labios esta palabra.

Desafortunadamente, esto tiene consecuencias en nuestra vida cotidiana, porque si nunca decimos no, entramos en un círculo vicioso del que no es fácil escapar. Decimos sí a todo y cada vez nos resulta más difícil hacer todo aquello a lo que nos hemos comprometido con nuestra familia, en el trabajo, con nuestros amigos…, hasta que llega un momento en el que estamos totalmente desbordados y llenos de estrés, sin saber bien cuanto tiempo podremos llevar ese ritmo, temiendo las consecuencias que una negativa podría acarrearnos.

Para superar esta situación, cuando alguien te pida que olvides algo importante para ti a cambio de hacer algo por él o ella, debes determinar el coste que ello tendrá en tus proyectos e intereses. Hacer un favor a alguien es algo muy loable, pero si para ello debemos renunciar a nosotros mismos, ya no lo es. Si ves que el coste es muy alto, declina educadamente la oferta y después confronta lo que ha ocurrido con tus miedos. ¿Realmente tus amigos te han abandonado como temías? ¿Tu pareja te ha pedido el divorcio? Seguramente no.

Una vez que hayas constatado este hecho te darás cuenta de que tienes derecho a decir “no” sin sentirte culpable por hacerlo.