Aprender a gestionar el fracaso
Aprender a gestionar el fracaso no es sencillo. Desde pequeños, nos enseñan que debemos ser los mejores, lo más listos, los que más despuntan, los mejor preparados, tener el éxito asegurado.

Pero la realidad es que todos, a lo largo de nuestras vidas, tenemos que hacer frente a fracasos sentimentales, laborales, personales y profesionales. Y cuando fracasamos nos hundimos, nos sentimos que no valemos nada y decidimos que no merece la pena continuar luchando por el objetivo que nos habíamos propuesto, que lo mejor es abandonarlo y dedicar nuestro tiempo a otro más sencillo de lograr.

El problema aquí es que interpretamos el fracaso como ausencia de éxito, no como una tentativa. Cuando intentamos algo, al veces lo logramos a la primera, pero lo normal es que tengamos que esforzarnos, probar muchos modos abordar el objetivo, diseñar estrategias, dar pasos en falso…

el escritor que ahora vende miles de ejemplares de su novela no cuenta en las entrevistas cuántos rechazos de editoriales tuvo su manuscrito, y el cantante de moda tampoco habla de los años pasados tocando en locales en los que prácticamente nadie se acercaba a escucharle.

Debemos integrar el fracaso como parte del proceso, aceptar que no siempre vamos a acertar, sino que entre todas las posibilidades que existen, una de ellas es que no lo consigamos. Y debemos verlo como algo transitorio. Que no lo consigamos ahora, que no obtengamos ese ascenso, que nos hayamos divorciado o que no hayamos superado un miedo no significa que en el futuro no podamos tener un futuro profesional brillante, ni una relación e pareja duradera y que no nos hayamos liberado del miedo.

El fracaso nos ofrece una información muy valiosa sobre qué camino no seguir. Debemos recogerla, diseñar la estrategia, sentirnos orgullosos de haberlo intentado y continuar hacia nuestro objetivo.