Aprender a pensar por uno mismo
Cuando somos niños, aprendemos principalmente a través de los demás. La visión del mundo, ideas, opiniones y creencias de nuestros padres y otros familiares adultos con los que convivimos pasan casi a ser nuestras, en un proceso necesario para el desarrollo del cerebro del niño. Poco a poco, y de forma natural según crecemos, comenzamos a cuestionarnos todo el saber que hemos recibido y a tener nuestras propias ideas y creencias sobre determinados aspectos de la vida. Este es un hábito que deberemos cultivar, ya que nos ayudará a, de adultos, a pensar por nosotros mismos.

Pensar por uno mismo es tener nuestras propias ideas, creencias y opiniones y, de ese modo, poder diseñar y vivir nuestra vida según nosotros mismos y nuestros criterios, y no dejarnos llevar por modas o presiones de los demás.

Aunque ello no implica que no aceptemos opiniones y creencias de otros cuando las hacemos nuestras, seremos siempre nosotros quienes gobernaremos nuestra vida.

Para lograrlo es importante hacernos preguntas y poner en cuestión las creencias recibidas hasta entonces, para quedarnos con las que nos ayudan y desechar las perjudiciales. Intenta responder tú mismo tus propias preguntas o buscar por ti mismo las respuestas, sin olvidar que, porque algo aparezcan en un libro o en Internet no tiene por qué ser verdad, y tienes derecho a cuestionarlas igualmente.

También es importante que intentemos salir de nuestra zona de comodidad, para lo cual puede ser necesario que dejemos de intentar complacer a los demás o que mostremos nuestro desacuerdo con las opiniones ajenas. Recuerda que ello debe ser hecho desde el respeto, ya que el otro tiene derecho a pensar por sí mismo al igual que tú, sin intentar imponer tus criterios ni dejar que el otro lo haga.