Aprender a perdonar
Cuando nos hacen daño, una de las cosas que nos resultan más difíciles es perdonar ese daño que nos han causado. Sin embargo, debemos intentar lograrlo, porque, fuera de cualquier connotación religiosa, el hecho de perdonar el daño que nos ha causado otro es un acto realmente sanador, porque nos libera.

Ello se debe a que, cuando alguien nos daña, surgen en nosotros una serie de sentimientos debidos a ese daño como la ira, el resentimiento, el rencor, la amargura o el sentimiento de culpa, sentimientos que, a la larga, influyen tanto en nuestra salud psíquica como psicológica, y, cuando son muy intensos, pueden impedirnos incluso disfrutar de nuestra propia vida, sobre todo si no podemos dejar de dar vueltas a aquello que ocurrió y al daño que sufrimos.

Diversos estudios han constatado que, una vez que perdonamos o somos perdonados, esos sentimientos desaparecen y son sustituidos por un estado de calma y bienestar e incluso desaparecen otra serie de síntomas que la persona experimentaba antes de perdonar como , dolores de espalda, de cabezas, nauseas o insomnio.

Y cuando hablamos de perdonar, no nos referimos sólo a perdonar a los demás, sino a aprender a perdonarnos también a nosotros mismos. Muchas personas viven pensando en un hecho que marcó sus vidas, dándole vueltas, preguntándose una y mil veces por qué actuaron así y castigándose por ello. Una vez que nos perdonamos, podemos seguir adelante.

Da igual quien nos haya hecho daño. Pueden haber sido nuestros padres, nuestra pareja, un amigo o nosotros mismos. Si aceptamos que los seres humanos no somos perfectos, que cometemos errores, podremos comprender, aceptar a los demás como son y perdonarlos. Y eso mismo lo debemos hacer extensible a nosotros mismos, comprendiendo nuestras motivaciones y perdonándonos para liberarnos del pasado.