Aprender a ser pacientes
Vivimos en una sociedad que parece haber olvidado la paciencia, en la que todo nos es dado en cuanto lo queremos, lo que nos hace olvidar que, para lograr otras muchas cosas, seguramente las más importantes, es necesario tener paciencia.

A menudo se con pasividad, pero no tienen nada que ver. La pasividad es no hacer nada, mientras que la paciencia consiste en saber esperar mientras llega aquello que deseamos, aceptando que las cosas no siempre dependen de nosotros mismos y además nos permite disfrutar del momento presente, apreciando plenamente lo que tenemos aquí y ahora.

La paciencia, además, nos va a permitir analizar los problemas con detenimiento, encontrando la solución perfecta para los mismos.

Cuando actuamos impulsivamente, sin tiempo para analizar correctamente las situaciones, legaremos a soluciones temporales o superficiales, que harán que el problema se reproduzca una y otra vez.

La impaciencia, por otra parte, nos hacen sentirnos continuamente frustrados por no tener de inmediato lo que queremos, frustración que nos lleva a estar irritables, de mal humor y nos genera un gran nivel de estrés que puede transformarse en otras dolencias.

Para aumentar nuestra paciencia, podemos comenzar por hacer una lista de todo aquello que nos impacienta, sea lo que sea. Después ordénalas empezando por las que sean más importantes para ti y analiza cuáles dependen realmente de ti y cuáles de los demás. Hecho esto, ponte manos a la obra con las que dependan exclusivamente de ti, sin preocuparte por lo que hagan otros.

También puedes hacer ejercicios sencillos, como llegar con unos minutos de antelación a una cita y esperar tranquilamente, esperar antes de descubrir o averiguar algo, no dejar una tarea hasta que hayas terminado, etc. Estos pequeños cambios producirán grandes resultados y comprobarás que, a la larga, la vida se saborea mucho más siendo paciente.