Aprender a perder
Tan importante es saber perder como saber ganar ya que la experiencia de la derrota nos ayuda a recuperarar la perspectiva también en la victoria. Sin embargo, la idea de la pérdida plantea unas connotaciones negativas para aquellos que vinculan la pérdida con la derrota y el fracaso. Y confunden su propio valor personal con los resultados externos. Existe un aprendizaje vital en cualquier contexto: aprender a perder. Aceptar de una forma serena que la realidad externa pueda ser contraria a los deseos internos. La fuerza de voluntad es un signo de sabiduría pero también es muy importante renunciar a un objetivo en determinado momento.

Superar la frustración

La pérdida nos ayuda a manejar la frustración que, realmente, resulta incómoda y molesta. La frustración puede causar tristeza, ira, cansancio psicológico, malestar interno y soledad. La frustración es una experiencia muy humana, sin embargo, es recomendable que estemos parados en este punto durante el menor tiempo posible. La frustración crónica contamina el corazón con dosis de estrés, pensamiento negativo y ansiedad.

Aprender a perder

Aceptar la historia tal y como es

El mejor modo de aprender a perder es tener la capacidad de aceptar estas experiencias con serenidad. Sin contarnos excusas a nosotros mismos que disfracen la realidad con historias que muestren un discurso distinto. En otros casos, también es recomendable no confundir un fracaso con el hecho de haberte dado por vencido antes de tiempo.

Puedes enviarte a ti mismo mensajes motivadores que te ayuden a perseverar en el camino de la superación: “Todavía no lo he logrado”. Esta frase deja la puerta abierta a la esperanza. Mientras que el mensaje: “He fracasado”, mata por completo dicha esperanza. La importancia del diálogo interior es notable tanto para ganar como para perder con inteligencia emocional y tranquilidad. Tu valor no depende de los resultados externos porque el ser va más allá del tener y de la productividad.