Aprendiendo a confiar en los demás
Depositar la confianza en los demás no siempre es fácil porque siempre supone un riesgo, aunque para algunas personas resulta mucho más complicado lograrlo que para otras.

Esto se debe a que han crecido en un ambiente en el que por norma se desconfiaba de los demás, extraños o no, y esta creencia fue calando en el niño hasta que, cuando adulto, genera una desconfianza generalizada hacia los demás. También puede ocurrir que sí fuera una persona que confiaba en los demás, pero esa confianza fue traicionada y desde ese momento desconfían de todos cuantos se relacionan con él.

Quienes desconfían de los demás piensan que todo el que se acerca a ellos tiene intención de hacerles daño o de producirles un perjuicio, y que siempre tienen un interés oculto que, más tarde o más temprano, se desvelará. Para estas personas la vida se hace muy cuesta arriba, porque siempre ven motivaciones ocultas en los demás, ya sean su pareja, sus amigos, su familia o sus compañeros de trabajo, lo que les acaba empujando a la soledad y al aislamiento.

Pero vivir sin confiar en nadie es tan perjudicial desde el punto de vista emocional como confiar ciegamente en los demás.

Tampoco debemos confiar en todos cuantos nos rodean sin tomar la más mínima precaución, porque no sería sano para nosotros desde el punto de vista emocional. Para evitar sufrir y que nos hagan daño, debemos aprender a confiar poco a poco, abriéndonos lentamente a la persona que acabamos de conocer y aumentando esa confianza que tenemos con ella según la vayamos conociendo mejor y nos vayamos sintiendo más a gusto y más conectados con ella. Poco a poco, iremos facilitando información sobre nosotros, desde la más general a la más personal, según vaya creciendo nuestra confianza en la otra persona.