Cambios bruscos en tu autoestima
La autoestima remite al grado de amor que cada persona siente por sí misma, es decir, cuando estás atravesando una etapa saludable desde un punto de vista emocional te envías muchos mensajes positivos y palabras agradables. En cambio, cuando tu autoestima está por los suelos, tiendes a criticarte, te juzgas de una forma cruel hasta el punto de poder castigarte o compadecerte.

De estos ejemplos se desprende que el grado de autoestima no es innato, es decir, puedes mejorar o empeorar dependiendo de la situación, del entorno y también, de ti mismo. Por ello, siempre debes estar alerta y cuidar de tu nivel de bienestar como uno de los principales de tu vida.

También existe otra realidad en la autoestima. Y es la de aquellos que pueden sufrir altos y bajos de una forma extrema en cuestión de minutos, días o semanas. Cuando esto sucede, lo que pasa en realidad es que la persona pone su valor en las circunstancias externas y no en sí misma. Imagina que te gusta una persona, y que te encuentras con ella. Si esa persona reacciona de una forma alegre al verte entonces, puede que tú ya sientas una especie de euforia desorbitada porque el hecho de percibir la aceptación en el otro te hace considerarte más digno de valor.

¿Pero qué sucede en caso de que la situación se produzca al contrario, es decir, en caso de que la reacción del otro no sea tan gratificante? En ese caso, las personas que sufren cambios bruscos en su autoestima por circunstancias externas, se hundirán y dejarán de sentirse bien. Sentirá rabia, pena, compasión… Incluso, podrá llegar a idealizar más al otro. Lo importante es que el motor de tu autoestima esté dentro de ti y no en lo que otro piense o crea sobre ti. No lo olvides nunca.