Aprendizaje

En la vida, de forma inconsciente, muchas veces vamos cerrando puertas a aquellos que tenemos alrededor. Por ejemplo, es habitual que alguien que está en un momento de decepción profundo, no se moleste en percibir lo bueno de los demás. En ese momento, está cerrado a las relaciones sociales porque se protege de cualquier herida nueva. Existen muchas formas a través de las cuales puede que no te estés dejando querer: la soberbia, la vanidad, la antipatía, el egoísmo…
Barreras que lejos de acercarte a aquellos que tienes cerca y que se preocupan por ti, te conducen al abismo del vacío. Y es que, hay un punto en el que más allá de las buenas intenciones, alguien puede que no sepa cómo acercarse o cómo acertar. Es decir, a veces, también se tiene miedo.


El aprendizaje es una cualidad humana en tanto que el ser humano tiene conciencia de sí mismo hasta el punto de que también, es consciente de su propia muerte. Es decir, asume su finitud. Sin embargo, el aprendizaje puede ser aplicado a diferentes campos y ámbitos. Motivados por el plano académico, siempre hemos vinculado el conocimiento con las matemáticas, la historia o el arte. Pues bien, afortunadamente, los tiempos cambian y en la sociedad actual se valora mucho la inteligencia emocional, las habilidades sociales y la psicología.
Temas que muestran algo fundamental: el crecimiento interior es aquel que te lleva a sentirte mejor contigo mismo, por tanto, se trata de un trabajo propio que depende de uno mismo. La felicidad no admite excusas ni buscar factores externos. Como punto positivo, entonces, el crecimiento interior es ilimitado e infinito, es decir, puedes tener ochenta años y seguir aprendiendo, tener sueños que te gustaría cumplir y deseos que realizar. La vida puede vivirse con intensidad también en la última etapa vital.


Son muchos los problemas a los que nos tenemos que enfrentar cada día. Algunos son pequeños y los solucionamos rápidamente, pero otros nos superan, nos angustian y parecen enquistarse en nuestra cabeza, porque hagamos lo que hagamos, no podemos librarnos de ellos. El miedo a perder el trabajo, enfrentarse a un divorcio o una separación, la preocupación por el dinero si no tenemos empleo… nuestra cabeza se dedica a dar vueltas como un torbellino todo el día a las mismas ideas, normalmente siempre catastrofistas haciendo que cada vez veamos más complicada la salida a la situación.
Para evitar esto y poder librarnos de la angustia y el estrés que esto conlleva, tenemos que aprender a detener nuestro cerebro. Una de las técnicas que nos pueden ayudar a ello es la denominada distracción cognitiva.
Esta estrategia consiste en, en el momento en que notemos que volvemos a pensar sobre una determinada idea, obligar a nuestra mente a centrarse en algo distinto de esa idea. Esto lo podemos hacer de diferentes maneras:
- Fijando la atención: Para ello, debemos observar un objeto que tengamos a nuestro alcance, sea cual sea, y describirlo con el mayor detalle posible. Cuanto más minuciosa sea la descripción, más efectiva será la técnica.


Todo ser humano tiene defectos, lo importante es aprender a valorar también las virtudes. Tal vez parezca algo evidente, pero existen personas que por su perfil psicológico o por la forma en la que han sido educadas sólo repiten lo negativo una y mil veces. Es mejor que no esperes un elogio de alguien que se ha acostumbrado a exteriorizar sólo lo malo, de lo contrario, podrías llegar a poner tu autoestima en juego si vives a la espera del reconocimiento ajeno.
Sin embargo, uno mismo mediante la introspección también puede analizar sus defectos y esos pequeños gestos de ti mismo que tal vez, puedes corregir, mejorar y superar. En caso de hacerlo, te sentirás mejor contigo mismo y también con los demás. Pero además, también te sentirás más capaz de crecer en todos los niveles desde diferentes puntos de vista. Para empezar a corregir tus defectos, primero debes ser consciente de ellos. ¿Cómo hacerlo?


La sociedad individualista a veces, nos hace alejarnos de los demás. Lo que es peor, a veces, nos invita a encerrarnos en nosotros mismos ante la sensación de que aquellos que nos rodean no son lo suficientemente interesantes. Tal vez sea una forma de autodefensa porque la realidad es que apostar por los demás tiene un riesgo. Está claro que iniciar una relación con otra persona (del tipo que sea) implica trabajo, constancia, dar y recibir, y capacidad de sacrificio. En la vida, cuando te riges por el puro apetecer, seguramente, no lograrás nada constructivo a largo plazo. Habrá días que un amigo te dirá de quedar por ejemplo, y a lo mejor no te apetece demasiado, sin embargo, si sabes que te necesita deberás estar allí.
Por otra parte, la realidad es que el ser humano también puede perder su fe en las buenas personas. Por ejemplo, hay quien ante una mala experiencia se cierra por completo a los demás. En ese caso, cometemos el error de valorar a la sociedad en base a una persona particular y concreta.


A veces, para perder el miedo a los problemas deberíamos cambiar esta palabra por oportunidades. Y es que, detrás de todo límite puedes encontrar una oportunidad de superación personal y de crecimiento interior necesario para ser feliz y evolucionar a lo largo de la vida. Lo mejor que debes hacer para resolver los problemas es atenderlos a tiempo, es decir, en el momento. No dejes que pasen muchos días o semanas ya que en la medida en que dejas pasar el tiempo, la preocupación también aumenta. En cambio, en la medida en que afrontas algo en el primer minuto también te liberas.
Por otra parte, también debes aprender a pedir ayuda en caso de que sea necesario. En ocasiones, será suficiente con que alguien te escuche, te oriente y te dé su opinión. Por ello, intenta confiar siempre en alguien que te transmite confianza y serenidad. No estás solo aunque a veces, te sientas así. Pedir ayuda no es un signo de debilidad sino de inteligencia emocional.























































