
Con la llegada de la primavera, todo parece inundarse de luz y de la vida que vuelve con fuerza del letargo del invierno. El calor y la luz nos impulsan a abrir las ventanas de casa, dejando que el aire nuevo y fresco renueve el aire del interior. Este gesto que hacemos con nuestras casas también podemos hacerlo con nuestro interior, ya que no hay mejor momento para renovarnos interiormente y eliminar lo que nos sobra.
Si nos paramos a pensar, nos damos cuenta de que dentro de nuestra mente guardamos un montón de cosas que ya no nos sirven, como viejas creencias acerca de nosotros y de los demás, listas de “deberías” que sólo nos causan angustia y ansiedad, afán de perfeccionismo, miedos, fobias, resentimientos, hechos del pasado que no conseguimos olvidar, pensamientos limitantes, etc.




























































