
El dolor está ahí, es una realidad que forma parte de la vida. Si te cortas por accidente con una tijera el dedo entonces, te sangra, del mismo modo, en otras situaciones de la vida, te sangra el alma. Así sucede en la derrota del amor, en la traición, en el desempleo agónico, en la muerte de un ser querido al que se quería por encima de todo…
En la sociedad de la autoayuda y del pensamiento positivo no siempre es fácil hablar del dolor con un sentido humano. Y es que es normal, que por momentos, alguien sienta que no puede más, que ya no tiene fuerzas para afrontar la pena. ¿Qué hacer entonces? Descansar, cuidar de ti, centrarte en ti mismo y olvidarte de todas las expectativas que otras personas hayan depositado en ti. Eso no es egoísta sino una necesidad vital. Una cura de urgencia para el alma que necesita ser atendida, pararse y buscar la calma.




























































