
La vida nos puede dar muchos golpes, nadie dijo que sería un camino de rosas. Pero lo importante no es las veces que nos caigamos sino las que nos levantamos. Cuando nos dan una noticia negativa relacionada con nuestra salud el mundo se nos viene abajo, es complicado ser feliz, ser positivo o tener buen humor. Sabemos que la medicina ha avanzado muchísimo hasta nuestros días, pero por desgracia no todas las enfermedades se pueden curar. A pesar de eso muchas personas conviven diariamente con su enfermedad e intentan seguir adelante y disfrutar de cada segundo, aunque estemos lidiando contra un mal que nos acosa.


Una de las situaciones que más angustiosas resultan para quienes sufren fobia social es aquella, en las que los demás los están mirando o escuchando, están siendo observados y son el centro de atención, ya sea en una reunión informal, en una reunión de trabajo o en cualquier acto que se celebre en público. Aunque es difícil llegar a controlar totalmente dicha angustia, sí existen una serie de pautas que nos van ayudar a reducirla cuando nos veamos inmersos en ellas.
En primer lugar, es importante aceptar que, efectivamente, sientes este miedo, porque será a partir de ese momento cuando puedas poner en marcha distintas estrategias.


En muchos momentos a lo largo de nuestra vida no nos comportamos o no reaccionamos como nos gustaría. Perdemos el control, actuamos de forma inmadura o egoísta, nos volvemos intolerantes o hacemos daño a los demás, incluso a las personas que más nos importan. Una vez que lo hemos hecho, no siempre somos capaces de aceptar que, efectivamente, nos hemos comportado así o que tenemos determinados defectos.
En estos casos, buscamos a quien responsabilizar del hecho o negamos tozudamente lo ocurrido, lo ocultamos o incluso mentimos, para de este modo poder negarnos a nosotros mismos que somos responsables de dicha conducta y, sobre todo, ser capaces de eliminar los sentimientos negativos que el hecho ha generado en nosotros.
Sin embargo, aunque en un primer momento esto nos produce alivio, el no admitir esto en nosotros nos llevará, en primer lugar, a repetir la conducta que no nos gusta siempre que dé un hecho parecido y, en segundo, nos impide desarrollar todo nuestro potencial y ser auténticamente nosotros mismos.


Dicen que el tiempo lo cura todo y no esto es porque a medida que los recuerdos quedan más lejanos son más fáciles de olvidar. Por desgracia, todos tenemos momentos malos en la vida que nos gustaría borrar de nuestra mente. Pero eso es científicamente imposible, ni hay un medicamento o píldora mágica que nos permita liberarnos de los recuerdos e ideas que constantemente nos acosan, pero sí podemos facilitar este proceso natural en nuestras mentes.


Cuando, de niños o adultos, vivimos un hecho que nos causa angustia y un gran sufrimiento psíquico, éste hecho nos produce un trauma, es decir, una herida psíquica que se queda grabada en nuestra mente de forma indeleble y que va a condicionar nuestra forma de sentir y actuar ante situaciones parecidas a las que dieron origen al trauma.
Algunas veces, sobre todo cuando suceden a edades muy tempranas, no somos conscientes de los hechos que dieron lugar al mismo, tan sólo notamos las secuelas en nuestro comportamiento. Cuando somos adultos, las imágenes de la situación que dieron lugar al trauma se repiten en nuestra mente una y otra vez. Uno de los métodos que podemos utilizar para liberarnos de dichas experiencias traumáticas consiste en reescribir nuestro pasado, lo cual nos va a permitir cambiar nuestro futuro.


A lo largo de nuestra vida son muchas las ocasiones en las que parece que todo se tuerce, que nada sale y bien y que las cosas no hacen mas que empeorar, como queriendo hacer verdadero el dicho de que las desgracias nunca vienen solas. Cuando queremos salir de un bache nos encontramos metidos en otro mayor, y parece que todos los ‘ámbitos de nuestra vida se resquebrajan y se desmoronan, hasta que llegamos a una situación a la que no vemos salida, todo nos parece negativo y, simplemente, nos rendimos al hecho de que las cosas nunca mejorarán.
Sin embargo, incluso en estos momentos, debemos mantener la esperanza de que las cosas mejorarán y de que, a partir de un momento dado, la vida dará un giro y todo comenzará a enderezarse.


Muchas personas tienen miedo a la angustia que la soledad les provoca. La sola idea de no tener pareja o no tener amigos les resulta insufrible y este miedo las lleva muchas veces a permanecer en relaciones dañinas que les hacen sufrir, en las que no se sienten queridas ni valoradas como personas, que incluso les destruyen y que sólo mantienen para no quedarse solos.
En otros casos, el miedo a la soledad nos lleva a no mostrarnos tal cual somos, no expresar nuestros deseos o necesidades por miedo a ser aislados y rechazados, enterrando en lo más profundo de nosotros mismos nuestro verdadero yo para no enfrentarnos a la soledad, lo que, a la larga, supondrá una gran frustración y amargura para nosotros.






















































