Causas del miedo a la oscuridad en adultos
El miedo a la oscuridad o escotofobia es habitual en los niños, que les lleva a solicitar la compañía de un adulto antes de entrar en una habitación o un pasillo oscuro o a dormir con la luz encendida.

Habitualmente, este miedo desaparece con la edad, pero no siempre es así, y, aunque no reconocido, son muchos los adultos que también experimentan ese miedo, aunque no se trata tanto de temor ante entrar en espacios sin luz, sino del miedo de quedarse solo y a oscuras en una habitación.

Y no son pocos los que sufren, ya que, según distintos estudios, un 10% de la población adulta tiene miedo a la oscuridad, un miedo que comenzó en la infancia y que no han superado.

También es habitual que aparezca después de una separación, un divorcio o después de haber enviudado. En estos casos, el miedo a la oscuridad en los adultos está ligado al miedo a la soledad derivado de esa situación. Cuando la persona vuelve a tener pareja o supera el duelo, el miedo suele desaparecer por sí mismo.

Otras veces este miedo puede aparecer como representación del miedo que siente la persona a perder el control o a no controlar todos los aspectos de su vida. Dado que en la oscuridad no vemos lo que hay y, por tanto, no podemos controlarlo, se convierte en una representación de este miedo a no tener el control.

En los ancianos también puede surgir este miedo como una representación del miedo a la muerte, y suele ir asociado a la oscuridad porque es en el momento de irse a dormir, fuera de las ocupaciones cotidianas, cuando más se reflexiona sobre la proximidad de la muerte.

Para superarlo, además de investigar sobre la verdadera raíz del mismo, es aconsejable irse acostumbrando a la oscuridad de forma progresiva y controlada.