Concéntrate en el éxito
Imagina que estás jugando al golf y tienes que dar el siguiente golpe para meter la bola en el agujero. Tienes ante ti toda la extensión de césped y al final puedes observar tu meta, la bandera. A tu derecha puedes observar un banco de arena y a la izquierda un pequeño lago. Miras a derecha e izquierda contemplando los obstáculos que tienes que salvar y te preparas para dar el golpe.

Sin previo aviso tu cabeza se pone a darle vueltas a lo que ocurrirá si la pelota cae en la arena, y si una vez en ella no puedes golpearla, si eso significará hacer el ridículo ante los espectadores, si ello pondrá en entredicho tu capacidad como golfista y poco a poco te vas poniendo más y más nervioso.

Cuando te dispones de nuevo a golpear, tu cabeza viaja hacia el pequeño lago y no puedes pensar en otra cosa diferente del hecho de lo que ocurrirá si tu pelota cae en el lago, si eso hará que los demás dejen de apreciarte, te convertirá en un fracasado, no podrás soportarlo y te deprimirás, etc.

Finalmente te colocas delante de la pelota para golpearla e introducirla en el agujero, pero en lo único que piensas realmente es en no meter la bola en el banco de arena y en no tirarla al lago. Toda tu energía mental está concentrada en ello, tanto que has olvidado tu objetivo.
Cuando golpees, tu bola acabará en la arena o en el agua.

Esto es lo que nos ocurre muchas veces cuando tenemos que hacer frente a un desafío. Nos paramos una y otra vez a pensar todo lo que puede salir mal, en todos los obstáculos que encontramos y nos olvidamos de fijarnos en lo que realmente importa, en el objetivo por el cual estamos luchando.