Clasificación de las emociones
El mundo emocional es muy complejo y tiene muchos matices diferentes. De hecho, conviene precisar que en ocasiones, se pueden producir varias emociones a un mismo tiempo. Por ejemplo, tras la muerte de un ser querido no sólo es normal sentir tristeza, sino que también, se puede producir enfado y rabia ante la impotencia de no poder hacer nada. Esta es una de las razones por las que el autoconocimiento es fundamental a la hora de poder poner nombre a cada sentimiento.

¿Cómo se dividen las emociones? ¿De qué forma se clasifican? En primer lugar, conviene precisar que mientras que algunas personas tienden a dividir las emociones en positivas y negativas, la realidad es que esta clasificación no resulta acertada. Dentro de este contexto, las emociones positivas serían, por ejemplo: la alegría, el gozo, la ilusión, la motivación…

Por el contrario, las negativas serían la tristeza, la pena, el sufrimiento, la rabia… En sentido estricto, las emociones son agradables o desagradables como bien explica la Inteligencia Emocional. Es decir, cada emoción produce un efecto en ti. Efecto que se traduce en hacerte sentir bien, como en el caso de la ilusión extrema, o hacerte sentir peor, como en el caso de un proceso de duelo. Sin embargo, el hecho de considerar negativas algunas emociones podría llevar a estigmatizarlas, es decir, a sentir culpa ante ellas.

En realidad, todas las emociones forman parte de la naturaleza humana, por ello, es esencial aprender a vivirlas en el contexto adecuado. Es decir, ante una causa concreta. Dentro del marco de una vida feliz, está claro que es fundamental que haya muchas emociones agradables para poder tener un nivel de satisfacción elevado con el presente. Debes hacerte la vida agradable a ti mismo a través del pensamiento positivo y de las relaciones sociales de calidad.