Claustrofobia, miedo a los espacios cerrados
La claustrofobia es un problema que afecta casi al 5% de la población, y se encuadra dentro de las denominadas fobias específicas, que son aquellas que tienen como causa el miedo a algo concreto.

La claustrofobia consiste en un miedo intenso a quedarse encerrado en un espacio pequeño, como puede ser un ascensor. Quienes padecen este miedo intentan evitar viajar en metro, en autobús, o en avión o someterse a un TAC, un procedimiento de diagnóstico que consiste en permanecer inmóvil en un espacio pequeño durante unos minutos. Por todo ello, cuando la fobia es muy intensa, puede impedir al sujeto llevar una vida normal, ya que ha de buscar continuamente alternativas para no tener que atravesar por situaciones claustrofóbicas.

Normalmente el origen de la claustrofobia se debe a haber sufrido una experiencia traumática en un lugar estrecho, lo que hace que el sujeto genere un miedo a dichos escenarios (fobia) que le impulse a evitarlos, como haberse quedado encerrado en un ascensor o que le castigaran de pequeño en una habitación pequeña. También es una fobia que se puede adquirir por imitación, es decir, escuchando relatos de personas que han pasado por dichas experiencias traumáticas.

Cuando el sujeto entra en un lugar estrecho, siente cómo se le seca la boca, palpitaciones, sensación de que no tiene aire y no puede respirar, sudor frío, náuseas, sofocos y temor, mientras se le acelera el pulso y puede llegar también a una hiperventilación por respiración rápida. Si la situación es muy angustiosa puede sufrir una crisis de ansiedad.

El tratamiento consiste en informar al paciente sobre su fobia, la causa que la ha originado y después se le expone gradualmente a situaciones que le resultan claustrofóbicas para, poco a poco, hacer desaparecer la fobia. La exposición comienza siendo muy leve para gradualmente hacer que el sujeto se encuentre en situaciones que le generan más ansiedad, hasta conseguir que ésta desaparezca.