Cleptomanía, robar por impulso
Aunque el cine y la literatura han hecho que la cleptomanía parezca un comportamiento que se da sólo en la ficción, también en la realidad hay personas que roban objetos no por el valor del objeto o por necesitarlo, sino por la emoción que conlleva el acto en robar en sí. Son las personas que sufren cleptomanía.

El acto de robar no es voluntario, ya que la cleptomanía se engloba dentro de los denominados trastornos del control de impulsos, dentro de los cuales también se encuadran el juego patológico o la tricotilomanía. A veces puede estar asociada a la compra compulsiva o a trastornos alimenticios.

Antes de efectuar el robo, el individuo experimenta una sensación de tensión creciente, sensación que se traduce en liberación o gratificación una vez que lo ha llevado a cabo. El cleptómano no puede controlar el impulso de robar, ya que si no lo hace, la sensación de tensión crece tanto que le resulta insoportable, y la única forma que encuentra de mitigarla es a través del robo.

Éste no se realiza por el valor del objeto en sí, ya que habitualmente son cosas de poco valor, como ceniceros, bolígrafos, etc. Una vez robados, la persona puede acumularlos o deshacerse de ellos inmediatamente y, a veces, los devuelve todos al mismo tiempo.

Para que se pueda hablar de un diagnóstico de cleptomanía, es necesario que se cumplan una serie de condiciones, como son:

– El impulso de robar es incontrolable y cuando la persona lo lleva a cabo, siente placer, alivio o satisfacción.

– No se realiza por ira, venganza u otro tipo de emoción.

– No existe otro diagnóstico que pueda explicar el comportamiento, como la fase maniaca de la enfermedad maniaco depresiva, trastornos de personalidad, etc.

El tratamiento de esta patología se realiza a través de la terapia cognitivo conductual, habitualmente combinada con otros fármacos.