Coaching deportivo, la clave del éxito
Antiguamente, los deportistas que triunfaban y se alzaban con las victorias eran los que físicamente estaban mejor preparados. Hoy día, un buen entrenamiento físico, aunque es imprescindible, no basta, ya que es necesario que el deportista trabaje también su mente. Para lograr esto y ayudar a los deportistas a lograr sus objetivos ha nacido el coaching deportivo.

El coaching deportivo nació como tal en el fútbol, que fue la primera disciplina deportiva en implicar profesionales de la psicología a los entrenamientos de los jugadores. Pronto se observó que esto tenía un gran efecto en los resultados, por lo que poco a poco fue trasladándose a otras disciplinas, sobre todo en deportes individuales como el tenis, donde el aspecto mental es lo que supone una auténtica diferencia entre los jugadores.

Si vemos un partido de tenis, que es donde mejor se observan estas prácticas, obervaremos cómo los jugadores se gritan a sí mismo (manteniendo un auto diálogo motivador con ellos mismos) y tienen una serie de movimientos repetitivos que les ayudan a aumentar su concentración (colocarse el pelo, botar un cierto número de veces la pelota antes del saque, etc).

En otras disciplinas como los saltos de trampolín o las carreras de 100 metros podemos ver cómo los nadadores y los atletas “ven” cómo va a ser su carrera, preparando así el cuerpo para el esfuerzo físico que ha de realizar.

El coaching deportivo ayuda al deportista también a controlar las emociones previas a una competición, a asumir la derrota para que no sea un obstáculo en el desarrollo de su carrera, a motivarse, a controlar el estrés y a gestionar el miedo al fracaso, que muchas veces es el responsable de que el deportista no dé de sí tanto como podría. Quienes practican deportes de equipo, aprenden a gestionar con los conflictos con el resto de miembros del equipo y con el entrenador y se aumenta la autoconfianza en el grupo.