Coaching: el ejercicio de la silla vacía
En coaching, existe un ejercicio que es muy terapéutico a nivel emocional para superar ciertos conflictos internos, tan difíciles de resolver, como por ejemplo, la muerte de un ser querido y el no haberle podido decir todo aquello que uno hubiese deseado. Muchas veces, se quedan sentimientos sin expresar por el pudor que produce decir te quiero con frecuencia. Y luego, las personas arrastran sentimiento de culpa por no poder hablar desde el corazón con esa persona nunca más. Para aliviar ese dolor, en coaching existe un ejercicio muy efectivo y curativo: el ejercicio de la silla vacía. ¿En qué consiste?

Como indica su propio nombre, se trata de poner una silla junto al lugar en el que está sentada la otra persona. En esa silla vacía, la persona que quiere desahogarse por algo imagina que está sentado el ser querido fallecido. De esta forma, de una forma metafórica, se establece una comunicación. El emisor habla desde el corazón, se dirige de yo a tu con naturalidad, habla y desahoga. Las personas son conscientes evidentemente de que no están hablando con la persona que se ha ido, sin embargo, el hecho de poder poner palabras a un dolor interno, resulta terapéutico.

Este mismo ejercicio también se puede realizar en forma de carta. Por ejemplo, es posible redactar una carta imaginaria en la que la persona piensa en el mensaje que transmitiría al destinatario. Para finalizar, también es posible utilizar una fotografía para crear una conexión emocional importante con la persona que ya se ha ido. Muchas veces, cuando alguien muere, quedan cosas por decir, y las personas sufren por ello. Por esta razón, el ejercicio de la silla vacía es una fórmula para empezar a soltar el nudo que asfixia el corazón desde la culpa y la más profunda tristeza tristeza.