Coleccionar momentos felices
La aventura de la vida es compleja, sin embargo, en dicho nivel de complejidad reside también su misterio. No daríamos el mismo valor a un instante de felicidad si todo fuese de color de rosa. En la vida, podemos ganar inteligencia emocional, si nos convertimos en coleccionistas de momentos felices para plantar la esencia de esos instantes en el jardín de la memoria. El valor potencial de un momento feliz es infinito, precisamente, porque podemos recordar un regalo vital tantas veces como queramos. El optimismo comienza, precisamente, por recordar con más frecuencia todo lo bueno.

Vivir la felicidad de una forma consciente

La felicidad se saborea dos veces cuando le pones conciencia, es decir, cuando eres capaz de reflexionar sobre aquello que te ha hecho feliz y el motivo que existe detrás de ese bienestar. La felicidad no se puede resumir en una ecuación matemática puesto que tiene una parte trascendente. De lo contrario, ya se habría encontrado la fórmula definitiva para ser feliz siempre.

La felicidad son momentos. Instantes de luz en el camino de la memoria. Pequeños retales de perfección que rompen con la rutina habitual. Cuando eres plenamente feliz, todas las preocupaciones desaparecen y quedan en un segundo plano porque mente y corazón conectan al cien por cien con el lado más bello de la vida.

Coleccionar momentos felices

La esencia de los buenos recuerdos

La esencia de los buenos recuerdos conecta con emociones agradables que dejan un impacto imborrable en el corazón. Conviene despedir cada día dando las gracias por tres situaciones positivas y por tres emociones bellas. También puedes dar las gracias por contar con las personas que quieres en tu vida.