Cómo actuar ante una rabieta infantil
Pocas situaciones son tan angustiantes para los padres como esos momentos en los que sus hijos, presa de una rabieta, comienzan a llorar a pleno pulmón, pataleando, gritando y retorciéndose, con lo cual a medida que aumenta el nerviosismo de los padres, aumenta la intensidad de la rabieta del niño, y si los padres no saben manejar la situación, el niño seguramente obtendrá lo que desea gracias a la rabieta, por lo que esta conducta será reforzada y las rabietas serán cada vez más frecuentes.

Las rabietas son comunes entre los niños de uno y dos años y son utilizadas por estos para protestar por alguna imposición de los padres, como dejar de jugar porque hay que bañarse o comer o porque estos no acceden a una petición del niño, conducta que suele darse en los supermercados y grandes almacenes, donde el niño ve cientos de objetos a su alrededor y se ve frustrado si no puede tener acceso a todos.

El método más eficaz para tratar estas rabietas es lo que en psicología se conoce como extinción, y consiste en el hecho de que, dejando de prestar atención a la conducta, esta desaparece por sí misma. Las rabietas son principalmente una llamada de atención, y si el niño no la consigue suelen perder intensidad. Por ello, cuando el niño tiene una rabieta, la mejor manera de actuar es dejarlo solo en la habitación hasta que se le pase la rabieta.

No debemos perder la paciencia ni amenazar al niño con castigos mientras está en plena rabieta, ya que sólo conseguiremos aumentar la intensidad de la misma. Tampoco es el momento de intentar explicarle las razones que nos llevan a ese comportamiento. Esto lo haremos después, cuando el niño esté calmado, de modo que se dé cuenta de que nuestras acciones no son arbitrarias, sino que tienen un por qué.