Cómo afecta la falta de sueño a nuestro cerebro
El ritmo de vida que llevamos en la actualidad, cada vez más rápido, termina generándonos un gran nivel de estrés. Cuando a éste se unen las preocupaciones y la ansiedad derivada de problemas que no podemos resolver, una de las consecuencias más habituales de todo ello suele ser la incapacidad para conciliar el sueño y dormir las ocho horas que, como mínimo, aconsejan los expertos que debemos dedicar a esta actividad para mantenernos en perfecto estado de salud.

Pero la falta de sueño no tiene efecto sólo en nuestro cuerpo, sino que nuestro cerebro también se ve afectado por ella, ya que es durante este periodo cuando nuestra mente descansa, por lo que los efectos de la falta de sueño son más intensos cuando más tiempo pasamos sin permitir a nuestro cerebro descansar las horas suficientes.

La irritabilidad es el primer signo en caso de falta de sueño, aunque el grado de la misma dependerá también de nuestra personalidad, si somos tranquilos o nerviosos y de nuestra edad. La falta de sueño produce agotamiento en el sistema nervioso, y esto se traduce en que nuestro umbral de tolerancia es menor.

También podemos sentirnos desorientados, al tiempo que nos resulta muy difícil mantener la atención y la concentración. Pero, sin duda, la consecuencia más grave es que, cuando no dormimos lo suficiente, determinadas regiones de la corteza cerebral compensan la falta de sueño “apagándose” aunque estemos despiertos, como si se echaran una siesta, y este apagón puede afectar en gran medida a nuestro rendimiento intelectual.

Son estos “apagones” los que nos llevan a experimentar los lapsus de atención, la imposibilidad de emitir un juicio objetivo sobre una situación, y la tendencia a cometer más errores que cuando hemos dormido las horas necesarias, lo que se traduce en un mayor número de accidentes, especialmente cuando realizamos actividades que requieren estar alerta como conducir.