Cómo afrontar las decisiones difíciles
Nos pasamos la vida tomando decisiones, desde aquellas que no tienen importancia, como comer carne o pescado hasta aquellas que van a suponer importantes cambios en nuestra vida y que, por ello, nos resulta difícil tomar, como cambiar de trabajo, romper una relación de pareja o casarnos, tener un hijo, etc.

Ante una de estas decisiones, lo normal es que nos dediquemos a darle vueltas y vueltas hasta el punto de terminar mareados y tan o más perdidos que al principio. El miedo a equivocarnos puede llevarnos a un punto muerto en el que no encontremos el modo de saber qué rumbo tomar.

Para desbloquear esta situación, lo primero que deberemos hacer es analizar los pros y los contras de cada opción. Lo haremos con un papel y un lápiz, de forma que la mente deje de divagar, haciendo dos columnas, una con cada opción, cada una de ellas dividida en otras dos, una de ventajas y otra de inconvenientes, de forma que quede plasmado de un modo visual.

Nos tomaremos tiempo suficiente para anotar todo lo que se nos ocurra, procurando no distraernos ni interrumpir el proceso de concentración. De este modo nuestro cerebro se focalizará en la decisión. Una vez hecho esto, leeremos atentamente todas las columnas para repasar los argumentos.

Finamente, para dejar que nuestro inconsciente también intervenga, deberemos cambiar a una actividad que nos mantenga concentrados, de forma que no demos vueltas y vueltas a los argumentos. Si somos indecisos, lo mejor es ponernos un límite al momento de tomar la decisión, lo cual activará en nuestro cerebro la necesidad de llegar a un resultado. La duración de este plazo dependerá de la importancia de la misma.

Si lo vemos necesario, podemos pedir consejo, pero teniendo en cuenta que la última palabra la tenemos nosotros.

Finalmente ya no nos queda más que llevar a cabo la decisión tomada.