Cómo alimentar la esperanza
La esperanza es una gran aliada en la vida, una buena compañera de viaje, tan vital como el pensamiento positivo. De hecho, ambos elementos están relacionados puesto que una persona positiva es aquella esperanzada. Por el contrario, el pesimista está cargado de desesperanza.

Cultiva la fe en ti mismo

La esperanza nace de ti y vuelve a ti, por tanto, tienes que cultivar el amor hacia ti mismo y la autoconfianza porque la visión que tienes de ti mismo te condiciona de una forma positiva o negativa dependiendo de la imagen que tienes de ti. La infancia es una etapa de la vida que puede condicionar mucho a una persona, sin embargo, no es determinante. Es decir, siempre estás a tiempo de avanzar en la etapa adulta haciendo autocrítica de todo lo vivido, comprendiendo ciertas situaciones del pasado desde la etapa madura y recibiendo el cariño de una forma asertiva.

Quienes en la infancia o la adolescencia sufrieran algún tipo de vacío social por parte del grupo de amigos pueden arrastrar ciertas inseguridades porque este tipo de situaciones deja huella. Sin embargo, piensa en todo el aprendizaje que te ha dado ese tipo de vivencias. Por ejemplo, te ha enseñado a diferenciar la amistad verdadera de un vínculo superficial, te ha hecho ser más fuerte y más respetuoso con los demás.

Cómo alimentar la esperanza

Suma esperanza a tu vida

Deja de compartir tu tiempo con gente tóxica porque te llenas de energía negativa. Comparte tu tiempo con personas de buen corazón. Valora a los demás no por lo que tienen sino por quiénes son y anímate a ofrecer tú primero aquello que tú esperas de los demás: cariño y respeto.

La esperanza se cultiva poniendo el foco de atención en todo lo bueno de la vida y evitando poner la mirada al modo de una lupa en los factores negativos. Cuida de ti mismo en los detalles cotidianos, por ejemplo, a través de una alimentación saludable.