Cómo cerrar la puerta a la soledad
La soledad pasajera es bienvenida, representa ese especio de intimidad tan necesario para respirar profundamente a nivel emocional y ser uno mismo. Sin embargo, la soledad eterna, que se instala como una huésped que no ha sido invitada en tu propia casa, deja una sensación de frialdad en cualquier época del año, pero todavía más, en vacaciones de verano, en Navidad o en el día de tu cumpleaños. ¿Cómo cerrar la puerta a la soledad para dar la bienvenida al cariño?

En primer lugar, haciendo un gran esfuerzo: convivir con la soledad también crea hábitos que en muchos casos, no son los más adecuados para hacer amistades. Uno de los riesgos de estar solo mucho tiempo es que puedes acostumbrarte a esa situación, y a partir de allí, evitar ciertos planes sociales, por ejemplo.

Para cerrar la puerta de la soledad, es indispensable abrir la ventana del cariño para potenciar las relaciones sociales. Por ello, piénsalo dos veces antes de rechazar un plan que te proponen. No busques la seguridad absoluta, anímate a ir a una fiesta en la que conoces poca gente porque precisamente, conocer gente nueva puede sentarte de maravilla.

Si en algún momento de tu vida, has tenido un momento en el que te has sentido profundamente solo, entonces, intenta preguntarte por los motivos que te han llevado a estar así. Se trata de evitar repetir los mismos patrones de conducta. No sientas vergüenza por sentirte solo porque no es motivo de sentir ningún tipo de culpa. Muchas personas se sienten así, y no avanzan, precisamente por no reconocer su situación ni siquiera ante sí mismas.

Muchas personas no soportan la soledad a pesar de que han terminado resignándose a estar así como si fuese una situación inevitable.