Cómo dejar a un lado la susceptibilidad
Existen personas que se molestan ante cualquier comentario que hacemos sobre ellas, por bienintencionado que sea. Cuando los escuchan, se enfadan y se ponen a la defensiva, con lo que acaban teniendo fama de ser difíciles de tratar y suelen terminar apartadas de cualquier círculo social debido a ello. Esta reacción se debe a que son extremadamente susceptibles, y es esta susceptibilidad, que normalmente no pueden combatir, la causante de la angustia y el estrés que les acompaña día a día, además del alto coste emocional y social que les supone.

Las personas susceptibles ven el mundo como un lugar peligroso e inseguro, en el que quienes les rodean actúan siempre movidos por segundas intenciones. Esto les lleva a desconfiar de todo el mundo y siempre temen que los demás les fallen y les hagan daño. Este miedo hace que les resulte muy difícil confiar en los demás y que pasen el día defendiéndose de ataques imaginarios.

Quienes actúan así no lo hacen por gusto. Son personas con una extremada sensibilidad, una autoestima muy baja y una pobre imagen de sí mismas.

Creen que los demás les ven y les valoran igual que lo hacen ellos mismos, y creen que en cualquier momento va a ser descubierta su falta de valía.

Esto les lleva también a criticarse a sí mismos con fuerza por los posibles errores que puedan haber cometido y, finalmente, pueden caer en una depresión, debido a la angustia y a la sensación de falta de valía que les suele acompañar.

Para luchar contra la susceptibilidad, estas personas tienen que hacer un ejercicio objetivo de autoconocimiento. Para hacerlo, se deben anotar en un papel sus cualidades y sus puntos positivos, para darse cuenta de ellos y poder comenzar a valorarse. Según vaya mejorando su autoimagen irá disminuyendo su susceptibilidad y la angustia que les supone relacionarse con los demás.