A menudo tenemos una visión negativa de nosotros mismos que nos impide reconocer nuestras cualidades y capacidades, lo cual nos impide desarrollar todo nuestro potencial a lo largo de nuestra vida o arriesgarnos a llevar a cabo aquello que soñamos ante la idea de que será un fracaso. Estas creencias negativas de nosotros mismos pueden aparecer por valoraciones negativas sufridas durante la infancia o por fracasos y experiencias negativas vividas en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Para cambiar esto y comenzar a tener una autoimagen positiva, es esencial que cambiemos la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos, introduciendo pequeños cambios en nuestro comportamiento:

Querernos a nosotros mismos es un pilar esencial para la autoestima, algo de lo que muchas veces nos olvidamos. Podemos potenciar este sentimiento realizando un sencillo ejercicio, consistente en, dos o tres veces al día, ponernos delante del espejo y sonreírnos a nosotros mismos.

Al principio quizá no consigamos más que una mueca forzada, pero poco a poco nos resultará más sencillo, ya que los primeros días es habitual sentirse ridículo e incómodo, pero para tu cerebro resulta un mensaje muy efectivo hacia ti mismo.

Si tenemos una opinión negativa sobre nosotros mismos, es habitual que nuestro autodiálogo también lo sea. Apunta las frases negativas que te dices a ti mismo, especialmente las más habituales (“no sirvo para nada”, “a nadie le caigo bien”, etc.) y busca una foto de cuando eras muy pequeño, casi un bebé. Mira al niño de la foto (tu niño interior) y cambia las frases que te sueles decir a ti mismo de forma que te trates con mayor tolerancia. De este modo estás sanando a tu niño interior siendo más tolerante contigo mismo, lo que te ayudará a mantener un diálogo más positivo contigo.