Cómo diferenciar una meta realista, de un sueño inalcanzable
En la vida, el primer paso para poder avanzar en la consecución de objetivos es formular bien dichas metas. Para ello, conviene analizar previamente, desde dónde están enumerados esos deseos. En algunos casos, por ejemplo, en el caso de un sueño inalcanzable, están formulados desde la imaginación. Por ello, conviene poner los pies en el suelo, para unir razón y corazón a la hora de diferenciar un deseo alcanzable en el momento presente, de un sueño que a día de hoy, se presenta muy lejano. ¿Qué diferencia a uno de otro?

Un sueño alcanzable es aquel concreto al cien por cien. Y además, es un deseo al que le otorgas un tiempo. En cambio, los sueños inalcanzables quedan abiertos a la apertura del azar o de la casualidad. Un sueño posible es aquel que requiere de tu compromiso serio desde ahora mismo. Y en base a dicho compromiso, eres tú quien va a trabajar de una forma consciente y responsable en un plan de acción para que esa meta pueda concretarse cuanto antes.

Por otra parte, cuando en un curso de Crecimiento Personal o de Coaching se propone a los alumnos que piensen en deseos a realizar en su vida, muchos de ellos, piensan en ideas muy bonitas pero con poca entidad real. Se trata de aprender a dar valor a los gestos concretos del día a día. Objetivos que tal vez no son tan espectaculares como los de las películas, sin embargo, conviene recordar que vida y ficción son dos realidades bien diferentes.

Un sueño imposible es aquel que no está en tus manos realizarse. En cambio, un sueño posible es aquel que depende de ti, principalmente. Al menos, tienes el poder de intentarlo. Un sueño imposible de materializarse ahora no significa que siempre vaya a ser poco factible. Puede que dentro de cinco años, la situación cambie. Pero para diferenciar lo posible de lo imposible siempre conviene hacerlo desde la perspectiva presente.