Cómo influyen las etiquetas negativas en el niño
“Es que nunca haces nada bien”. “Mira que eres torpe”. “Eres un mentiroso”… A lo largo de la educación del niño los padres utilizan estas frases y, al hacerlo, etiquetan a los niños de modo negativo sin ser conscientes de que esta etiqueta tiene un gran impacto negativo tanto en la autoestima del niño como en la del futuro adulto.

Cuando etiquetamos así a un niño, lo encasillamos dentro de un rasgo de carácter negativo, dejando de lado el resto de cualidades positivas que el niño pueda tener. Estas etiquetas funcionan como una profecía autocumplida. Si al niño le llamamos vago, se volverá vago. Si le decimos que es malo, se volverá malo, y si le decimos que es tonto o poco inteligente, no desarrollará toda su capacidad.

Esto se debe a que, inconscientemente, el niño piensa que si todos los miembros de su familia piensan que es vago o desordenado, es porque debe serlo.

El niño quiere, por encima de todo cumplir las expectativas de sus padres, y por ello se comporta según esa expectativa, con lo cual se entra en un círculo vicioso en el que los padres repiten aún más la etiqueta y el niño refuerza aún más el comportamiento que se expresa en la etiqueta, cerrando la puerta a toda posibilidad de cambio o mejora en el comportamiento que se critica, minando la sensación de valía del niño y aumentando su inseguridad, sensaciones que le acompañarán hasta la edad adulta, influyendo en su desarrollo emocional e intelectual.

Para evitar esto, tenemos que darle al niño la posibilidad de mejorar. Primero animándole a hacerlo y demostrando nosotros que confiamos en su capacidad para hacerlo y después explicándole el comportamiento que esperamos de él (que ordene la habitación, que estudie más), animándole y alentándole cada vez que se comporta de forma correcta y evitando en todo momento las etiquetas negativas