Cómo influyen los gestos en las emociones
Cuando nos sentimos felices, sonreímos, reímos y la alegría se refleja en nuestro semblante. Esto es así y es un sentimiento compartido por todos, por lo que deducimos que primero aparece el sentimiento y después el gesto, ya sea de alegría, tristeza, preocupación, etc.

Sin embargo, a mediados de los 70 se descubrió que esto no es sólo así, sino que podemos hacerlo a la inversa y, de ese modo, modificando nuestros gestos podemos modificar nuestras emociones, lo cual es muy productivo, ya que no podemos controlar las emociones, pero sí los gestos. Esto significa que, si quiero sentirme bien en un momento en que mi estado de ánimo dista mucho de ser feliz, primero debo sonreír y la emoción acompañará a mi gesto. Y lo mismo en el sentido contrario, ya que si dibujo en mi rostro un gesto de preocupación, seguramente no tardará alguna de mis preocupaciones cotidianas en acudir a mi mente.

Se han realizado varios estudios comprobando esta teoría, en la que se ha pedido a quienes participan en él que compongan en su rostro expresiones de felicidad, rabia y tristeza, por varios minutos, al cabo de los cuales el ánimo de esas personas acompañaba al gesto, independientemente de cuál fuera su humor al comienzo del estudio.

Es tal la capacidad de nuestro lenguaje gestual que recientes estudios están descubriendo que las personas que se inyectan botox en la frente se preocupan menos, y no por el hecho de ver su mente sin arrugas, sino porque, al no poder fruncir el ceño debido a la toxina botulínica, su cerebro no percibe el gesto preocupado y, por tanto, no siente preocupación.

Por ello, la próxima vez que te sientas desanimado, o triste, sonríe aunque no te apetezca y notarás cómo tu ánimo mejora y te será más fácil hacer frente a la situación.