Cómo nace el complejo de inferioridad
Son muchas las personas que en su día a día sufren al compararse con los demás. Curiosamente, aquellos que tienen una clara tendencia a la comparación siempre suelen compararse con otras personas de más éxito ya sea en el plano laboral o en el personal. Es decir, de forma directa ellos mismos se colocan en situación de inferioridad al no observar a aquellas personas que tienen poca suerte o que están sufriendo un momento de dificultad en el presente.

El compejo de inferioridad es una limitación propia que surge de la percepción personal, es decir, no es un criterio externo el que te coloca en esa posición de víctima sino que tú mismo, de forma inconsciente, piensas que careces del valor suficiente. El compejo de inferioridad suele estar vinculado con la envidia que en sí misma es un tipo de tristeza. La tristeza ante la imposibilidad de alegrarte por el bien ajeno.

El compejo de inferioridad siempre suele darse entre personas de confianza. Por ejemplo, en el seno de la pareja. A veces, y de forma contradictoria, aquel que tiene algún tipo de complejo interior se muestra de forma soberbia y autoritaria con los demás. Tal vez, porque de este modo, se siente más seguro de sí mismo dentro de su notable sufrimiento. Las personas no pueden compararse puesto que nadie tiene acceso al cien por cien a la mente y a la subjetividad ajena.

Incluso, la belleza es una percepción que varía en función del punto de vista. Es decir, mientras que a alguien puede que no le gusten los ojos negros, a otra persona, pueden encantarle. ¿Qué es mejor y qué es peor? Sencillamente, lo mejor es que aprendas a quererte a ti mismo sin necesitar la aprobación constante de los demás porque la felicidad nace de tu interior.