Cómo reaccionamos ante la frustración
Manejar la frustración no resulta fácil a nadie. Cuando algo no sale como habíamos planeado o deseábamos o las personas no responden como esperábamos, lo normal es sentirse frustrado, y sentir cómo nos invade la rabia, la tristeza y la desesperación ante una situación que no podemos cambiar.

Ante esta situación cada persona reacciona de un modo diferente. Hay quienes la rabia les lleva a atacar y agredir a lo que nos está produciendo la frustración. Son esas personas que vemos patear el coche cuando no arranca, emprenderla a golpes con el ordenador si no funciona o incluso golpear a otra persona, si es ésta quien produce la situación frustrante.

Otras personas, por el contrario, intentan evadirse de la frustración utilizando mecanismos de defensa que no solucionan la situación.

Estos mecanismos pueden ir desde enfadarse con otra persona que no tiene nada que ver con el hecho a imaginar soluciones mágicas sin llevarlas a cabo, negar el sentimiento de frustración, proyectarlo en otros, etc.

Ninguna de estas conductas es válida, porque actuando de este modo sólo lograremos que los sentimientos negativos de rabia, impotencia y tristeza aumenten, pero no nos enfrentamos en ningún momento a la situación frustrante, con lo cual no aprendemos de ella y lo más probable es que se repita una y otra vez en el futuro, hasta que aprendamos a solucionarla.

Para manejar la frustración lo primero que deberemos tener es que muchas veces lograr nuestro objetivo no depende sólo de nosotros, sino de las circunstancias o del entorno. Por ello, ante una situación frustrante lo primero que deberemos determinar es qué podemos cambiar y qué no está en nuestras manos cambiar y debemos aceptar.

Esto no significa que debamos conformarnos, sino que muchas veces deberemos redefinir nuestras estrategias para conseguir nuestros objetivos, aprender a ser un poco más pacientes o hacernos con los conocimientos necesarios para lograr dicho objetivo.