¿Cómo saber si una sonrisa es auténtica?
Existen momentos en los que nos vemos obligados a sonreír, aunque no tengamos ganas de hacerlo o no nos sintamos particularmente alegres, como cuando nos presentan a alguien, nos hacemos una foto, trabajamos cara al público, etc.

Quien nos mire en ese momento, sabrá que nuestra sonrisa no es auténtica, sino profesional o debida a la situación y no le dará mayor importancia. El problema surge cuando queremos saber realmente cuáles son los sentimientos de los demás hacia nosotros. En estos casos, especialmente cuando la persona es experta en ocultar sus sentimientos, puede fingir una sonrisa que resulte casi auténtica. ¿Cómo saber, entonces, cuándo es así y cuándo no?

Nuestra sonrisa, como cualquiera de nuestros gestos, transmite mucha más información que nuestras palabras y por ello, por mucha profesionalidad que demostremos a la hora de sonreír, existen rasgos que revelarán que nuestra sonrisa no es auténtica.

Según los expertos, sólo existe un tipo de sonrisa auténtica, la denominada sonrisa Duchenne, llamada así en honor al médico francés Guillaume Duchenne que la identificó al realizar estudios sobre las expresiones faciales. Esta sonrisa es auténtica porque es la única que indica una emoción genuina y espontánea.

Esta sonrisa auténtica requiere la intervención de los músculos cigomático mayor y menor cerca de la boca, que son los que elevan la comisura de los labios, y el músculo orbicular, cerca de los ojos, que eleva las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos. Este músculo no se puede contraer de forma voluntaria, por lo que sólo cuando se produce dicha contracción, se puede hablar de una sonrisa auténtica.

Por otro lado, sólo cuando sonreímos o alguien nos sonríe de verdad, podemos percibir la transmisión de la emoción que acompaña al gesto, que es el indicativo más certero de que quien nos sonríe lo hace de verdad.