Cómo salir de un laberinto emocional
Cualquier persona tiene la idea clara de qué es un laberinto. Un circuito cerrado con mil caminos en el que resulta difícil encontrar la salida porque parece que todos los caminos conducen a un mismo destino. La angustia que siente una persona al imaginarse encerrada en el interior de un laberinto es notable. Esa angustia está vinculada con la necesidad de seguridad y de confianza que todos tenemos dentro de nosotros mismos. Es decir, en el momento que nos perdemos en algún lugar de la geografía nos sentimos desorientados y sin rumbo fijo.

Sin embargo, está pérdida de orientación también puede producirse desde un punto de vista más profundo a nivel emocional y anímico. Así sucede, por ejemplo, cuando te encuentras inmerso en una crisis vital en la que no tienes las cosas claras en tu mente, dudas de qué es lo que realmente quieres y deseas y te sientes perdido ante la incapacidad de tomar la elección adecuada, sencillamente, porque no sabes qué es lo correcto. Es decir, no sabes qué es lo que te conviene.

De este modo, un laberinto emocional es aquel en el que tienes tantas emociones y sentimientos contradictorios que te resulta muy difícil hacer balance de lo bueno y de lo malo. Así sucede a veces, que algunas personas se ven encerradas en una relación de amor muy poco gratificante porque son capaces de dar más valor a los pocos momentos buenos que a las muchas situaciones de tristeza vividas junto al otro.

A veces, un laberinto emocional puede llegar a causar tanta infelicidad que tal vez, necesites de la ayuda de un psicólogo o de un psiquiatra para poner punto y final a esa situación de malestar que puede producir estrés y ansiedad. Pero lo primero que debes hacer siempre es escucharte a ti mismo y cuidar de ti en todos los niveles.