¿Cómo se desarrolla la terapia psicoanalítica?
Entre las diferentes terapias a las que podemos someternos cuando tenemos un problema psicológico, una de las más habituales es la terapia psicoanalítica o psicoanálisis, una terapia que, a pesar de su popularidad gracias a Freud, no siempre es bien conocida.

Al hablar de psicoanálisis, a la mayoría de nosotros nos viene a la mente la imagen de un paciente echado en un diván hablando de su niñez mientras el psiquiatra, en silencio, se dedica a tomar notas, sin emitir ninguna opinión. Y aunque esto refleja uno de los aspectos del psicoanálisis, la asociación libre, la terapia psicoanalítica va mucho más allá.

La asociación libre, la base de esta terapia, consiste en que el paciente habla libremente de todo lo que siente y piensa, poniéndolo en palabras. Es necesario que el paciente se deje llevar y cuente todo lo que se le ocurra, sin autocensurarse, porque de este modo es como deja hablar a su inconsciente.

Mientras el paciente habla, el psicoanalista que, en efecto, puede tomar notas, mantiene lo que se denomina una atención parejamente flotante, es decir, permanece atento a lo que el paciente dice prestando la misma atención a lo que parece relevante del discurso del paciente y a lo que, en principio, podrían parecer detalles sin importancia. Esto se debe a que, muchas veces, en esta terapia, lo que parece nimio, es, muchas veces, lo más importante.

A lo largo de la terapia, el psicoanalista capta e interpreta los patrones emocionales y de funcionamiento psíquico del paciente, mecanismos que el paciente repite en base a lo que se denomina transferencia, que podría definirse como una vinculación afectiva que aparece entre el terapeuta y el paciente y se da cuando este último proyecta sus patrones infantiles, afectos y emociones inconscientes sobre el terapeuta, lo que permite a su vez el desarrollo del psicoanálisis.