En principio, todos tenemos como objetivo alcanzar la felicidad. Sin embargo, observando nuestro comportamiento, muchas veces tenemos conductas por medio de las cuales vamos creando nuestra propia infelicidad y nos vamos volviendo expertos en sabotearnos a nosotros mismos y garantizarnos así el sufrimiento. Unas veces no somos conscientes de ellas, pero otras veces sí, y, aún así, las llevamos a cabo, como si quisiéramos garantizarnos la infelicidad. Las conductas que nos llevan a ello son las siguientes:

– Vive siempre pensando en el pasado o en el futuro: La amargura por los hechos pasados y la angustia por lo que puede suceder harán que nuestro cerebro esté siempre preocupado, incapaz de disfrutar el momento presente.

– Créate problemas: Cuando no tengas suficientes con los tuyos, asume los de los demás o búscalos dónde no los hay. De ese modo vivirás una vida llena de amargura y ansiedad, sin permitir que tu cerebro descanse ningún momento de sus pensamientos negativos.

– No te perdones: Cúlpate siempre por lo que pudiste hacer y no hiciste, por lo que hiciste, pensaste o dejaste de pensar o por lo que deberías haber podido hacer o pensar, por no ser capaz de controlar las circunstancias o el tiempo. Cúlpate por no haber alcanzado la perfección y sumérgete en la autocompasión.

– Critica a todos los que te rodean, sean quienes sean, y no olvides buscar hasta su menor defecto. De ese modo te sumirás en la negatividad más absoluta.

– Siempre tienes razón: Sólo existe una verdad, la tuya. Las opiniones e ideas de los demás no cuentan y todo lo que hacen o dicen es para molestarte. Si la idea no es tuya, olvídala.

Muchas veces, observar nuestro comportamiento desde otra perspectiva nos ayuda a hacer autoanálisis y descubrir aquellos pensamientos y comportamientos que nos alejan de la felicidad. Cambiándolos, nos aproximaremos más a ella.