Cómo ser una mamá responsable y feliz
Es cierto que tanto las mamás primerizas como las mamás más experimentadas sufren en algún momento de su vida una crisis a causa de sobrellevar tantas responsabilidades y quizá por querer y no poder llegar a todo a tiempo. ¿Esto te ha pasado alguna vez? ¿Te has sentido mal o culpable porque el día no tiene más de 24 horas? Si esto es así debes parar, respirar y pensar que no tienes el poder de estirar el tiempo pero sí de ser responsable y de ser feliz. Por este motivo te invito a que sigas leyendo puesto que me gustaría darte algunos consejos para que disfrutes de tu familia pero sobre todo de ti.

Delega

Si no puedes llegar a todo deberás delegar responsabilidades o caerás enferma. Además no puedes ni debes querer llegar a todo, la educación de tus hijos depende de ti, pero también de su entorno más próximo. Si debes tomarte un respiro delega en tu madre, en el padre o en una niñera de confianza.

Evita demasiados compromisos

No es necesario que apuntes a tus hijos a una actividad extraescolar cada tarde para que estén ocupados. Esto es peor porque deberás llegar a tiempo a mil sitios y a tus hijos les causará cansancio y estrés en demasía. Una tarde o dos está bien, lo demás puede ser evitado. Protege vuestro tiempo libre.

Espacios comunes

Es importante que todas las familias tengan espacios comunes en los que compartir tiempo, juegos y ratos de pasarlo bien unos con otros.

Cómo ser una mamá responsable y feliz

Ríe y estate con ellos

Aprende a reírte de tus propios fallos para que se den cuenta que cometer errores no es algo tan malo y que ayuda a aprender y a tener sentido del humor.

Cuando estés con ellos, tócales, mímales, bésales y abrázales…todo esto le hará saber y le recordará cada día todo lo que les quieres aunque alguna vez te tengas que poner algo seria para el cumplimiento de las normas.

Otros consejos importantes

Para ser una mamá responsable y feliz también será importante: empatizar con ellos sin juzgar, respetar su espacio y sus cosas, sé flexible ante los hechos y circunstancias, cada miembro de la familia deberá responsabilizarse de sus propias emociones y sobre todo saber que nadie nace con un manual de instrucciones bajo el brazo.