Cómo afrontar un cambio en positivo
En general, un cambio siempre implica cierto grado de desgaste en medio del proceso de adaptación. Un cambio supone decir adiós a algo, para dar la bienvenida a algo nuevo. Por tanto, igual que sucede cuando recibes una visita inesperada en tu casa que te aporta mucha alegría, también debes recibir con los brazos abiertos a tu destino que se abre poco a poco, al compás de nuevas ilusiones, nuevas situaciones, otras personas, diferentes lugares… La vida es un cambio detrás de otro, pero algunos, en medio de la rutina no se perciben tanto. La realidad es que un cambio no sólo es necesario y vital sino también, una fuente de aprendizaje que ilumina tu corazón en forma de esperanza.

En todo cambio se pierde algo. Eso está claro. Por ello, hay que estar preparado mentalmente para el desprendimiento. Sin embargo, la base del cambio reside en poder afrontarlo en positivo. ¿Cómo lograr este objetivo? Analizando todas las cosas buenas que ganas, todo aquello que antes no tenías y que ahora tendrás. Este ejercicio de reflexión se debe hacer antes de iniciar un cambio importante en la vida para que en la balanza siempre pueda lo positivo. Hacer un cambio a peor no tiene mucho sentido.

Por otra parte, hacer este balance también aporta cierta seguridad en medio de un proceso de cambio en el que siempre se asume un elevado nivel de incertidumbre y de riesgo. El destino no se puede controlar al cien por cien, ni tampoco puedes adelantarte al futuro. Esta es una de las razones por las que no pasa nada por cambiar de opinión y dar marcha atrás en la vida en ciertas situaciones en las que crees que te has equivocado al optar por un camino determinado.

Es de sabios cambiar de rumbo en el punto exacto. Y además, vale la pena intentar un sueño para no quedarte con la duda de saber qué hubiese pasado en caso de apostar por él.