Comprender la tristeza ajena
Comprender la tristeza ajena implica entender que para la otra persona no existe ningún dolor tan grande como el que tiene en ese momento. Uno de los grandes errores al consolar a un amigo es recordarle todas las desgracias del universo con el objetivo de hacerle recuperar la perspectiva vital. Cuando un dolor te toca dentro, como indica la misma palabra, te deja tocado, y en ocasiones, también, hundido. Pedirle a alguien que no sienta su propio dolor es, prácticamente, un milagro.

Escucha en silencio

Tenemos que aprender tanto a nivel emocional que un primer paso es dejar de sentirnos incómodos ante emociones como la tristeza porque forman parte de la vida. No es una buena idea querer llenar con palabras el dolor de otra persona. Lo único que necesita un amigo que está triste es que estés ahí, le escuches y guardes silencio teniendo una presencia plena y total en su historia.

Cuando de verdad conectas con el mundo del otro, la otra persona siente que su dolor pesa menos.

Comprender la tristeza ajena

Evita hacer comparaciones

Es un gran error hacer comparaciones para saber quién sufre más como si el dolor fuese algo que se puede pesar en kilogramos. Cada ser humano tiene derecho a sentir que su pena merece atención y cuidado. El dolor es subjetivo, personal e intrasferible. Por mucho que quieras llegar a ponerte en el lugar del otro, no puedes. Cada persona interpreta un hecho a partir de su experiencia, sus vivencias y su forma de entender la vida. Algo que a otro puede desbordarle para ti puede ser una anécdota puntual.

Cuando aprendes a acercarte un poco más de verdad al dolor ajeno también aprendes a conocerte mejor a ti mismo, a no juzgarte por sentir en una sociedad que a veces te exige demasiado.