Consejos para alimentar la estabilidad emocional
En ocasiones, en la vida, la sensación de mantener el equilibro es muy real. Así sucede en un momento de dolor extremo cuando temes derrumbarte y caer al suelo. También, ante una crisis existencial cuando no sabes cuál es tu camino, dónde quieres llegar o qué sueños te gustaría poder alcanzar. En cambio, al mantener el paso firme se goza de una gran estabilidad. Esta metáfora llevada al plano físico, refleja en el ámbito emocional que la salud anímica implica gozar de un buen grado de estabilidad.

¿Cómo puedes sentirte mejor cada día y más fuerte? En primer lugar, asumiendo también tus debilidades. El hecho de ser estable emocionalmente, no significa que no haya nada que te duela o que te afecte de una forma más negativa. Sentir es humano, de hecho, como explican los filósofos clásicos, la insensibilidad es un defecto.

Para cultivar tu fortaleza interior es esencial que cuides de ti, respetes tu propio espacio, alimentes los pensamientos positivos, aprendas a relativizar los problemas, pongas en práctica el sentido del humor cada día, disfrutes de los pequeños placeres de la vida, pierdas el miedo a la soledad y tengas la capacidad de hacer nuevos amigos.

Por otra parte, dentro del proceso de madurez de cualquier persona, el tiempo también se convierte en una fortaleza cuando se aprovecha de verdad. Lo importante es que cada año, tengas nuevas experiencias, más vivencias, conozcas nuevas personas y abras la puerta a la esperanza. El mayor aprendizaje de la vida es aquel que se obtiene a través de la experiencia. Por ello, en los momentos de debilidad aprendes cómo volver a levantarte después de una caída. Por suerte, el equilibrio se puede volver a recuperar incluso, una vez que se ha perdido. Así lo muestran con su ejemplo, aquellas personas que vuelven a ser felices después de haber perdido a una persona importante.