Tú construyes tu realidad con tus pensamientos
La filosofía kantiana puso de manifiesto un nuevo giro en la teoría del conocimiento respecto del pensamiento aristotélico. Es la diferencia entre el “objeto en sí mismo” y el “objeto para mí”. Desde este punto de vista, el objeto adquiere significado siempre por su vinculación con el conocimiento. De este modo, lo conocido se convierte en objeto de la conciencia. Es decir, el intelecto no aprehende la realidad tal y como es en sí misma (noúmeno), sino a partir de la propia información de la experiencia (fenómeno).

Descartes fue otro pensador que puso una atención especial en la conciencia como bien refleja el mensaje universalmente conocido de “Pienso, luego existo”. En definitiva, desde el punto de vista antropológico, muchos pensadores han puesto de manifiesto cómo el pensamiento es una realidad diferencial del ser humano que crea una entidad en su propia vida.

La fuerza de los pensamientos

No observamos el color y la forma de nuestros pensamientos, sin embargo, sí percibimos su fuerza. Por ejemplo, mientras que un pensamiento vital que va acompañado de sensaciones agradables puede darnos la sensación de caminar ligeros de equipaje, por el contrario, un pensamiento negativo repetido con intensidad, es una losa que nos hace sentir encerrados en una burbuja de miedo. Porque los pensamientos tienen tal poder que, incluso aunque no definan de un modo objetivo la realidad, podemos sentir cómo para nosotros son muy reales.

Romper esa lupa que produce una distorsión de la realidad no resulta sencillo. Sin embargo, un primer paso es tomar conciencia de cómo, por muchas cosas que hagamos cuando estamos pasando un mal momento, si no cambiamos nuestros pensamientos negativos, es posible que notemos muy poca mejoría. Especialmente, si la negatividad es, de un modo objetivo, nuestro punto débil.

Tú construyes tu realidad con tus pensamientos
Asumir que a través de nuestro pensamiento creamos una realidad personal supone una gran responsabilidad a nivel individual. Porque además, el proceso de cambio de actitud suele ser lento puesto que la inercia del pesimismo es tal que cuando tenemos este hábito interiorizado tenemos que romperlo a través de una secuencia repetida de actos que nos enseñan otra forma de vivir.

¿Y por qué es tan importante tomar conciencia de que el pensamiento define tu realidad? Porque en un entorno como el presente que en muchos casos invita a todo menos a ser optimista, ir contracorriente supone una alta inteligencia emocional. En el mismo momento en el que un miedo de futuro nos atormenta, ese pensameinto está produciendo una reacción física tan real como si estuviésemos viviendo realmente ese episodio.

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Alimenta tu fortaleza mental con tus pensamientos

Cambia la intención de tus pensamientos para visualizar aquello que realmente quieres que suceda. Repite mensajes de motivación a nivel interno. Por ejemplo: “Ahora me siento una persona feliz”, “tengo una relación de autoestima con el universo”, “me siento motivado en mi vida”. Haz una lista de ideas, no se trata de engañarte a ti mismo sino de comprender, también, la influencia que existe entre pensamiento y lenguaje como ya apuntó el positivismo lógico del Círculo de Viena.