Existen personas que, por naturaleza, tienen buen temperamento y rara vez se enfadan o pierden los estribos, sino que son capaces de actuar calmadamente en las situaciones difíciles que nos plantea la vida cotidiana. Para otras, por el contrario, hacer esto resulta imposible, y son muchas las ocasiones en las que dejan ver su mal genio, unas veces porque no pueden controlarlo y otras porque no saben cómo hacerlo.

Sea cual sea la razón para ello, lo cierto es que dejarnos llevar por el mal genio nos pueden llevar a muchas situaciones desagradables e incluso puede dañar nuestras relaciones. Además, en la mayoría de los casos, quienes tienen mal genio o tienen “pronto”, después del hecho se suelen sentir frustradas y culpables por no haber podido controlarse y manejar la situación de otro modo.

Aunque manejar el mal genio no siempre es sencillo, existen una serie de claves para lograrlo:

– Identifica lo que te enfada: Si conocemos las situaciones en las que perdemos los nervios, es mucho más sencillo anticiparnos a ellas y prepararnos mentalmente para controlarlas. Un buen método para analizarlo de forma objetiva es apuntar en un cuaderno cuándo nos pusimos de mal genio, en qué circunstancias y con qué personas.

– También hay que conocer las señales de que vamos a explotar, como sentir la ira acumulándose o que la ansiedad crece en nosotros. De este modo, cuando notemos estas sensaciones, podremos contar hasta diez y rebajar la tensión interna que crece en nosotros. Contar hasta diez o aplazar hasta más adelante la conversación son mecanismos que nos ayudarán a ello.

– Las técnicas de relajación son muy útiles contra el mal genio. Las deberemos practicar con frecuencia, para que nos sirvan de ayuda justo en el momento en que las necesitamos.