Convivir con personas dramáticas
Existen personas que reaccionan con un gran dramatismo ante cualquier acontecimiento que viven en su día a día, aunque no sea especialmente negativo. Ya sea que han perdido el metro esa mañana o que tienen mucho trabajo o que la cajera del supermercado les ha hecho esperar cinco minutos, estos acontecimientos son vividos por estas personas como un hecho absolutamente dramático y cuando los narran a los demás, realmente parecen estar representando casi un drama de un problema que no tiene la menor importancia.

Esto en principio no supone ningún problema e incluso podemos tomárnoslo con cierta dosis de humor si no fuera porque, si convivimos con estas personas, podemos terminar nosotros viviendo los acontecimientos cotidianos con el mismo nivel de dramatismo y angustia que ellas, con lo terminaremos hundidos en una espiral de drama que será muy difícil cortar y volverá nuestro día a día casi insoportable.

Por ello, si convivimos con una persona dramática, ya sea en la familia o en el trabajo, es necesario que pongamos en marcha una serie de mecanismos para evitar vernos arrastrados por él o ella:

– Pon límites: No debes pasarte el día entero escuchando sus quejas, ya que ello incentiva la conducta dramática. Es importante seguir esta pauta de forma continua, porque si unas veces escuchamos y otras no, acabaremos cediéndoles todo nuestro tiempo.

– No cedas a la manipulación: Al no sentirse escuchados, intentarás manipularte haciéndote sentir culpable por no prestarles atención. Piensa que, evitando caer en dicha manipulación, te beneficias a ti mismo y al tiempo que al otro.

– Mantén la cabeza fría: Es muy fácil dejarse llevar por un discurso catastrofista, sobre todo si lo escuchamos continuamente. Examina los argumentos con objetividad, determinando si realmente el hecho y las consecuencias son tan graves como el otro las expone. Buscar los aspectos positivos y mostrárselos te ayudará también a cortar el discurso dramático.