Convivir con una persona con agorafobia
Convivir con una persona que sufre agorafobia, ya seamos su pareja o un familiar no siempre es sencillo. A menudo es difícil comprender por qué estas personas actúan como actúan, o, si lo entendemos, no sabemos bien cómo ayudarle y nos sentimos impotentes ante este hecho. Otras veces, intentando ayudar al paciente, fomentamos la enfermedad del agorafóbico. Sin embargo, sí podemos ayudarle a superar su agorafobia, y para ello deberemos seguir unas pautas de conducta:

No impacientarnos: La persona con agorafobia dará dos pasos hacia delante y uno hacia atrás en su evolución, lo que nos puede llevar a enfadarnos o perder la paciencia.

No hacer sentir culpable al otro: Cuando perdemos los nervios es fácil que le echemos en cara a la otra persona todo lo que conlleva convivir con su trastorno, pero esto, en lugar de ayudarle o estimularle, como podríamos pensar, sólo logrará hacerle sentir peor. Si nos sentimos frustrados, debemos buscar otro modo de eliminar la frustración.

No sobreprotegerle: Seguramente lo haremos con toda la buena intención del mundo, para evitar que sufra, pero si lo hacemos así lo único que lograremos es retrasar su proceso de curación. Debemos encontrar el punto medio entre la ayuda y la sobreprotección. Si no lo hacemos así, la persona puede terminar dependiendo excesivamente de nosotros.

Cuando la otra persona esté en medio de un ataque de pánico se pueden seguir una serie de estrategias:

– Intentar distraerla, contándola historias o anécdotas curiosas que le distraigan la atención de su miedo.

– Dejar que la otra persona exprese cómo se siente, pero sin permitir que la espiral de pánico crezca.

– Ayudarle a regular su respiración, respirando tan sólo por la nariz y evitando que respire demasiado rápido o demasiado profundo.