Crecer como persona
El ser humano nace, crece, se desarrolla y muere desde un punto de vista biológico, es decir, a nivel corporal. Sin embargo, el crecimiento también afecta a otra dimensión más espiritual que es la que otorga un sentido especial a la expresión: “Crecer como persona”. Un crecimiento que implica ser mejor hoy que hace dos años, mientras que en el futuro, serás todavía mejor que en este momento.

Sin duda, en base a la experiencia vivida de una forma consciente y reflexiva, puedes convertirte a largo plazo en una persona más sabia, más prudente, más comprensiva, con mayor nivel de inteligencia emocional, con más claridad de cuáles son tus deseos… Esta claro que el tiempo no otorga todos estos poderes por arte de magia sino que es uno mismo, quien a través de la introspección y el análisis de las vivencias obtiene un mensaje directo.

Además, el crecimiento interior, cuando es real te aporta un regalo importante. Y es que, te sientes mucho mejor contigo mismo. Esta es una de las razones por las que muchas personas aseguran que no volverían a sus veinte años, por mucho que se valore la belleza física. La seguridad en uno mismo es mayor a los cuarenta, y esa seguridad también transmite belleza interior.

Además, conforme pasan los años también eres mucho más consciente del tiempo. Por ello, lo aprovechas mucho más y de una forma más positiva tanto en el terreno profesional como en el personal. Ambos ámbitos constituyen la felicidad de un ser humano. Por ello, el crecimiento interior implica que inviertas tu tiempo y compartas tu vida con aquellos que de verdad te hacen sentir bien. Y también, que aspires a tener un trabajo con el que de verdad te sientas identificado. El crecimiento interior es posible cada día aunque, a veces, no se vean los frutos inmediatos de ese esfuerzo.